
Cuando uno se siente bajito, a medias, perdidillo, confuso, no hay nada mejor que coger altura. Si estás en una encrucijada de caminos, o te has salido de tu ruta y no sabes por dónde seguir, ¿a que te ayudaría poder mirar el terreno desde lo alto? desde un helicóptero, desde una nube... podrías distinguir exactamente dónde estás, a dónde quieres ir, y por dónde se llega.
Pues con las emociones pasa lo mismo. Cómo coger altura en este terreno concreto es una cuestión de confianza. Algo que nos falta a los que estamos a medio gas. Pero se puede trabajar, como todo. Uno tiene confianza en lo que cree cierto y bueno. Lo importante aquí, y en temas similares, no es buscar la confianza fuera, que otro nos crea buenos o malos, que otro nos diga lo que está bien. Lo importante aquí es saber qué creemos nosotros bueno o malo, en qué valores creemos nosotros, en qué mundo creemos nosotros, en qué arquetipo de persona. Ese será nuestro avión, nuestra nube, nuestra verdad.
Con ella recorreremos el mundo y subiremos hasta donde haga falta. A partir de ahí, coger altura es sólo una cuestión de objetivizar; de analizar las situaciones como si no nos hubiesen ocurrido a nosotros, sino a alguien externo. Pensar cómo veríamos entonces cada reacción de cada persona, intentar encontrar los motivos que han movido a cada parte. Comprender los motivos ajenos, aunque no llegue a justificar su conducta, probablemente, es el mejor modo de salir de los atolladeros internos, emocionales, relacionales.
Comprender nuestros propios motivos, nuestras propias reacciones nos ayudará a tolerárnoslos, a no castigarnos y, si nos ponemos positivos, a que resulten una pista de por dónde salir.
Coge altura comprendiendo que el mundo no es como lo pintan en los cuentos, y eso no significa que sea malo, sólo que es muy humano.
Coge altura viendo que la gente tiene sus necesidades y que, más o menos, todos nos parecemos mucho.
Coge altura, aunque te cueste un poco, aunque parezca difícil, ahí, somos nosotros los que tenemos que forzarnos un pelín, sabiendo que ese es el camino correcto, levantar la cabeza, comprender, y seguir caminando.
Coge altura y poco a poco respirarás un aire más limpio, más tuyo, más seguro, porque sólo se basa en tus propios valores y la comprensión que tú haces del mundo.
Al principio es difícil volar...con el tiempo es todo un gusto...al final, descubres que esa era tu naturaleza.
Pues con las emociones pasa lo mismo. Cómo coger altura en este terreno concreto es una cuestión de confianza. Algo que nos falta a los que estamos a medio gas. Pero se puede trabajar, como todo. Uno tiene confianza en lo que cree cierto y bueno. Lo importante aquí, y en temas similares, no es buscar la confianza fuera, que otro nos crea buenos o malos, que otro nos diga lo que está bien. Lo importante aquí es saber qué creemos nosotros bueno o malo, en qué valores creemos nosotros, en qué mundo creemos nosotros, en qué arquetipo de persona. Ese será nuestro avión, nuestra nube, nuestra verdad.
Con ella recorreremos el mundo y subiremos hasta donde haga falta. A partir de ahí, coger altura es sólo una cuestión de objetivizar; de analizar las situaciones como si no nos hubiesen ocurrido a nosotros, sino a alguien externo. Pensar cómo veríamos entonces cada reacción de cada persona, intentar encontrar los motivos que han movido a cada parte. Comprender los motivos ajenos, aunque no llegue a justificar su conducta, probablemente, es el mejor modo de salir de los atolladeros internos, emocionales, relacionales.
Comprender nuestros propios motivos, nuestras propias reacciones nos ayudará a tolerárnoslos, a no castigarnos y, si nos ponemos positivos, a que resulten una pista de por dónde salir.
Coge altura comprendiendo que el mundo no es como lo pintan en los cuentos, y eso no significa que sea malo, sólo que es muy humano.
Coge altura viendo que la gente tiene sus necesidades y que, más o menos, todos nos parecemos mucho.
Coge altura, aunque te cueste un poco, aunque parezca difícil, ahí, somos nosotros los que tenemos que forzarnos un pelín, sabiendo que ese es el camino correcto, levantar la cabeza, comprender, y seguir caminando.
Coge altura y poco a poco respirarás un aire más limpio, más tuyo, más seguro, porque sólo se basa en tus propios valores y la comprensión que tú haces del mundo.
Al principio es difícil volar...con el tiempo es todo un gusto...al final, descubres que esa era tu naturaleza.