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jueves, 8 de enero de 2009

Conectarse a uno mismo


Como ya hemos comentado, el problema fundamental de la depresión es que nos desconecta de la realidad. No vemos la viveza de lo que pasa alrededor, ni siquiera llega bien el afecto de los cercanos. Ni nuestra propia forma de ser la vemos ya con claridad.
Nos recordamos de lejos, pero no somos ahora la misma persona. Ya no se sabe exactamente cómo se es, quién se es. Esto es bastante duro para cualquiera. Estás perdido en el mar, y el malo de la película eres tú. Tú quien se dejó allí, tú quien no sabe volver, tú quien no supo navegar...es desesperante. Hay algo bueno en todo esto, aunque tú no lo sabes, y es: que es FALSO, pero tú lo vives así y a veces los de tu alrededor también te hacen sentir así.

Es importante encontrar el camino de vuelta a nosotros mismos, como todo, poco a poco. No es sencillo, se dará a base de pequeños pasos. Además hay que tener en cuenta que en ocasiones una situación externa nos está influyendo para sentirnos mal (una perdida, un maltrato, una enfermedad de alguien cercano, etc.). Aún así, todo ello es susceptible de arreglarlo en lo posible, y en lo que no, de ser dejado en una parcela aparte de nosotros mismos, y vivirlo en su medida, sin que invada a toda nuestra personalidad, a todo nuestro tiempo. Puede que parezca imposible, incluso injusto (cómo voy a dejar de pensar en la enfermedad de mi madre...por ejemplo), sin embargo, lo realmente injusto es dejar que se vaya toda nuestra vida. No somos menos responsables de nuestro deber por ocuparnos de él, pasarlo mal por él, ser conscientes de él y, además, seguir adelante con nuestra vida.

El modo de reconectarse con uno mismo es buscando resquicios en los que nos sintamos más cerca, más reales, o más tranquilos, o más contentos...ALGO. Momentos en que sintamos algo.
Es similar a la idea de cuidar de nosotros mismos. El objetivo era buscar cosas que nos agradasen, puntos en los que nos encontrásemos a nosotros mismos. Puede ser estar con nuestros hijos, cocinar, puede ser tomar una decisión pequeña como comprar algo concreto que nos identifica con una forma de ser con la que siempre soñamos. Sé que esta información es poca ahora, que no es una solución inmediata, pero es que no la hay. Lo que hay es un camino en el que ir tomando pistas de lo que ocurre, de qué nos puede ayudar, según sea y esté cada uno. Con todo, se hará una nueva idea de ti mismo y de cómo llegar hasta ti, de nuevo.
A veces la respuesta está oculta en nosotros, la sabemos, pero no nos atrevemos a verla, a cambiar lo que no nos gusta y acabamos tristes sin saber por qué. Por ello, un buen ejercicio es la introspección, pero no para pensar, sino para sentir. Tampoco para sentirnos mal, sino para buscarnos. Parar, estar serenos, mirarnos, recordar que somos los únicos responsables de nosotros mismos, dibujar la vida que querríamos, y, paso a paso, andar hacia ella. En ocasiones, hay que parar para avanzar.
Lo más importante de todo lo que avancemos, de cualquier sensación optimista, agradable, esperanzada, de cualquier paso adelante, de cualquier gana de hacer "algo", es que nos lo celebremos, aplaudamos, reconozcamos, valoremos. Todo es un logro y tú eres el único juez que debe consentir. Sé justo contigo mismo y apruebate que lo estás intentando y eso, en nosotros, es conseguirlo.
Recordaremos las ideas de este denso post, una a una.