Estando ya en el último escalón, no podemos olvidar la clave de cualquier mejoría. Se trata del quiero: quiero mejorar, no quiero estar así más. Sólo desde ahí se puede salir de aquí, desde una rotunda decisión de seguir andando aunque no te respondan las piernas del ánimo. Siempre aplaudiendo y midiendo cualquier pequeño logro, que aquí resulta gigantesco.
Por más consejos, recetas o herramientas que nos muestren, si lo que sentimos es un "debo hacerlo", no un quiero hacerlo, no saldremos. Por eso no nos sirve de mucho, incluso nos fastidia que nos digan - sal de ahí- o que nos den esos consejos tan simples que en realidad nosotros mismos nos hemos dicho tantas veces sobre lo que nos estamos perdiendo, el poco sentido que tiene sentirse así, etc. Sinceramente, espero no haberte dicho en ningún momento lo que tienes que hacer...eso ya lo sabes tú. Nuestros propios mensajes nos suenan a "debo", también. Y nos duelen, porque no podemos hacer lo que nos gustaría así como así. Necesitamos una motivación, enganchar con un impulso interior que nos haga decidir que queremos vencer a esta situación.
El entronque con lo posible es sola y exclusivamente el SENTIMIENTO DE QUE QUIERO, Y VOY A SALIR DE AQUÍ. No sirven las intenciones solas, las palabras solas, los pensamientos solos. Lo que sirve es el impulso interior que te dice: voy a salir, por donde sea, como sea, pero yo mejoro.
Ese es el principio del camino, el hilo que no debes soltar y al que debes agarrarte cada vez que te caigas...arriba y seguimos compañero. Levántate y anda, ya sabes...
sábado, 27 de marzo de 2010
miércoles, 24 de marzo de 2010
miércoles, 3 de marzo de 2010
Conoce tus procesos mentales II
Saber cómo funcionamos es poder manejarlo, conducirnos, cambiarnos. Ir a ciegas no nos sirve de nada. Aunque esto canse, porque hay que trabajar mucho, todos los pasos son hacia delante, incluso los que no parecen. Un día te conoces, te ayudas, te apoyas, saltas límites, tomas decisiones, te levantas sin miedo. Has aprendido a caminar tú sol@, sin rodines, sin muletas; por ti mismo.
Cómo comienzan las caídas? Por qué no me es agradable y me es costoso relacionarme con la gente? Por qué tengo ansiedad? Por qué no duermo bien?
Si estaba bien hoy, qué ha pasado para estar mal mañana? Qué hace que yo no consiga darme cuenta de que mis motivos para recaer son motivos normales, por los que se enfadaría o entristecería cualquiera? Por qué en mí se convierten en una recaida?
De entrada, hablamos de quienes ya están mejor, en esta fase no nos encontramos destrozados, sino que controlamos nuestro ánimo buena parte del tiempo. Si nos caemos sabemos levantarnos. Sólo que a veces hay tropezón más o menos grande, y sienta fatal. Por qué?
Todo comienza por una idea de inseguridad, por ejemplo: no tengo amigos, o no consigo pareja, o no soy guapo, lo que quiera que no nos agrade de nuestra vida (algo que por cierto es cambiable, pero esa es otra historia). Algo nos recuerda ese hecho que no nos gusta, un amigo no nos ha llamado cuando esperábamos, ha quedado con otra persona y no nos lo ha dicho, una posible pareja ya no escribe tanto, el trabajo que esperaba no me ha salido...
Nosotros, por una costumbre increiblemente trabajada (a la que podemos darle la vuelta) inmediatamente lo relacionamos con aquello que va mal, que no nos gusta: -No me ha llamado porque no le interesa ser amigo mío, no sé cómo tener amigos ya, no sé cómo tener trabajo ya...
De ahí, pasamos a sentirnos deprimidos, es decir, entre frustrados, cansados y desesperanzados. Podemos incluso ponernos tristes y echarnos a llorar, según el grado de desilusión que tengamos, según las fuerzas que nos queden apoyándonos en otros campos.
De ahí, poco a poco, o mucho a mucho, empezamos a darle vueltas a la idea que no nos gusta, a recordar lo ocurrido, a intentar encontrarle una explicación, que no tiene, porque posiblemente todo el proceso que estamos haciendo no tenga un motivo real, o pueda ser cambiado por nosotros. Pero eso no lo vemos. Vemos que no entendemos nada, que no sabemos por qué ha ocurrido eso que nos está haciendo daño, que nos demuestra lo mal que nos va esa faceta que nos duele. Y pensamos incesantemente en ello, para buscar una respuesta, para encontrar una solución. Para nosotros es crucial, es un tema fundamental en nuestra vida en estos momentos. Nada es más importante.
De momento, ya estamos tristes, convencidos de que no valemos y con rumias mentales. Esto nos provoca ansiedad. La ansiedad viene de la necesidad de resolver algo fundamental. Al tener, además, que trabajar, que hablar con la gente, etc. nos cuesta mucho trabajo, estamos haciendo, continuamente, dos cosas a la vez. Eso es agotador. Incluso dormimos mal, porque tenemos que trabajar en nuestro gran problema por resolver. Un problema que siempre nos devuelve la respuesta: no vales, algo va mal y tiene que ver contigo. No te gustas así.
Lo malo de todo este proceso es eso, que el mero hecho de tenerlo hace que no nos guste tenerlo. somos conscientes de lo que nos ocurre y no queremos ser personas con pensamientos recurrentes y negativos, que no se encuentran bien. Eso nos entristece más, nos da una baja imagen de nosotros mismos, cae nuestra autoestima. Esto ya no tiene solución, es una pescadilla que se muerde la cola.
En esta situación, lo último que nos apetece es relacionarnos con los demás. Por qué? Es evidente, en realidad eso supondría poner buena cara, disimular nuestra situación presente, simplemente porque es lo que corresponde, lo que deberíamos hacer, deberíamos estar bien y vamos a mostrarnos bien. El esfuerzo de intentar esto es terrible. No estamos bien, no queremos estar bien, queremos trabajar en nuestro problema. No queremos sonreir a la gente, pero nos vemos obligados por nosotros mismos a hacerlo. Es lo que debemos hacer, nos decimos.
De acuerdo que ir por ahí llorando a la gente tampoco es positivo. Pero, al menos, consentirnos saber que no nos va a apetecer estar con nadie por el proceso interior que en estos momentos pasamos. Fustigarnos además porque no podemos estar sonrientes y graciosos, es pedirnos demasiado.
Ves todos los pasos que tiene el "hundimiento del Titanic"?
Pues, ahora que los conoces, puedes hacer algo en cada uno de ellos. Puedes escribir, como ya hemos comentado, la causa inicial, sobre todo para no olvidarla, y no creer que eres tú la causa de todo. Puedes para ahí y trabajar esa causa, hablar con quien corresponda, tomar la decisión pertinente, etc. Puedes consentirte cierto duelo porque ese motivo es de peso para ti.
Puedes, al notar los pensamientos reiterativos centrarte voluntariamente en otras cosas, sabiendo que tu mente va a intentar secuestrar a todo tu ser (sobre todo por costumbre), pero que no le vas a dejar. Puedes saber por qué estás ansioso, sólo saberlo te calmará. Puedes saber por qué no te apetece estar con gente o sonreirles porque sí. Puedes comentar la causa real con un amigo. Puedes sentirte alguien normal, que, simplemente, tiene la costumbre de ejercitar este círculo desde hace mucho y puedes romperlo, porque es inconsciente, porque no te hace bien, porque es exagerado, lo provoca el miedo. Tu problema real es más pequeño que toda esta consecuencia.
Puedes entenderte, puedes tolerarte, puedes conocerte, puedes cambiarte, puedes quererte, puedes tener esperanza, puedes mejorar, puedes creer en ti.
Cómo comienzan las caídas? Por qué no me es agradable y me es costoso relacionarme con la gente? Por qué tengo ansiedad? Por qué no duermo bien?
Si estaba bien hoy, qué ha pasado para estar mal mañana? Qué hace que yo no consiga darme cuenta de que mis motivos para recaer son motivos normales, por los que se enfadaría o entristecería cualquiera? Por qué en mí se convierten en una recaida?
De entrada, hablamos de quienes ya están mejor, en esta fase no nos encontramos destrozados, sino que controlamos nuestro ánimo buena parte del tiempo. Si nos caemos sabemos levantarnos. Sólo que a veces hay tropezón más o menos grande, y sienta fatal. Por qué?
Todo comienza por una idea de inseguridad, por ejemplo: no tengo amigos, o no consigo pareja, o no soy guapo, lo que quiera que no nos agrade de nuestra vida (algo que por cierto es cambiable, pero esa es otra historia). Algo nos recuerda ese hecho que no nos gusta, un amigo no nos ha llamado cuando esperábamos, ha quedado con otra persona y no nos lo ha dicho, una posible pareja ya no escribe tanto, el trabajo que esperaba no me ha salido...
Nosotros, por una costumbre increiblemente trabajada (a la que podemos darle la vuelta) inmediatamente lo relacionamos con aquello que va mal, que no nos gusta: -No me ha llamado porque no le interesa ser amigo mío, no sé cómo tener amigos ya, no sé cómo tener trabajo ya...
De ahí, pasamos a sentirnos deprimidos, es decir, entre frustrados, cansados y desesperanzados. Podemos incluso ponernos tristes y echarnos a llorar, según el grado de desilusión que tengamos, según las fuerzas que nos queden apoyándonos en otros campos.
De ahí, poco a poco, o mucho a mucho, empezamos a darle vueltas a la idea que no nos gusta, a recordar lo ocurrido, a intentar encontrarle una explicación, que no tiene, porque posiblemente todo el proceso que estamos haciendo no tenga un motivo real, o pueda ser cambiado por nosotros. Pero eso no lo vemos. Vemos que no entendemos nada, que no sabemos por qué ha ocurrido eso que nos está haciendo daño, que nos demuestra lo mal que nos va esa faceta que nos duele. Y pensamos incesantemente en ello, para buscar una respuesta, para encontrar una solución. Para nosotros es crucial, es un tema fundamental en nuestra vida en estos momentos. Nada es más importante.
De momento, ya estamos tristes, convencidos de que no valemos y con rumias mentales. Esto nos provoca ansiedad. La ansiedad viene de la necesidad de resolver algo fundamental. Al tener, además, que trabajar, que hablar con la gente, etc. nos cuesta mucho trabajo, estamos haciendo, continuamente, dos cosas a la vez. Eso es agotador. Incluso dormimos mal, porque tenemos que trabajar en nuestro gran problema por resolver. Un problema que siempre nos devuelve la respuesta: no vales, algo va mal y tiene que ver contigo. No te gustas así.
Lo malo de todo este proceso es eso, que el mero hecho de tenerlo hace que no nos guste tenerlo. somos conscientes de lo que nos ocurre y no queremos ser personas con pensamientos recurrentes y negativos, que no se encuentran bien. Eso nos entristece más, nos da una baja imagen de nosotros mismos, cae nuestra autoestima. Esto ya no tiene solución, es una pescadilla que se muerde la cola.
En esta situación, lo último que nos apetece es relacionarnos con los demás. Por qué? Es evidente, en realidad eso supondría poner buena cara, disimular nuestra situación presente, simplemente porque es lo que corresponde, lo que deberíamos hacer, deberíamos estar bien y vamos a mostrarnos bien. El esfuerzo de intentar esto es terrible. No estamos bien, no queremos estar bien, queremos trabajar en nuestro problema. No queremos sonreir a la gente, pero nos vemos obligados por nosotros mismos a hacerlo. Es lo que debemos hacer, nos decimos.
De acuerdo que ir por ahí llorando a la gente tampoco es positivo. Pero, al menos, consentirnos saber que no nos va a apetecer estar con nadie por el proceso interior que en estos momentos pasamos. Fustigarnos además porque no podemos estar sonrientes y graciosos, es pedirnos demasiado.
Ves todos los pasos que tiene el "hundimiento del Titanic"?
Pues, ahora que los conoces, puedes hacer algo en cada uno de ellos. Puedes escribir, como ya hemos comentado, la causa inicial, sobre todo para no olvidarla, y no creer que eres tú la causa de todo. Puedes para ahí y trabajar esa causa, hablar con quien corresponda, tomar la decisión pertinente, etc. Puedes consentirte cierto duelo porque ese motivo es de peso para ti.
Puedes, al notar los pensamientos reiterativos centrarte voluntariamente en otras cosas, sabiendo que tu mente va a intentar secuestrar a todo tu ser (sobre todo por costumbre), pero que no le vas a dejar. Puedes saber por qué estás ansioso, sólo saberlo te calmará. Puedes saber por qué no te apetece estar con gente o sonreirles porque sí. Puedes comentar la causa real con un amigo. Puedes sentirte alguien normal, que, simplemente, tiene la costumbre de ejercitar este círculo desde hace mucho y puedes romperlo, porque es inconsciente, porque no te hace bien, porque es exagerado, lo provoca el miedo. Tu problema real es más pequeño que toda esta consecuencia.
Puedes entenderte, puedes tolerarte, puedes conocerte, puedes cambiarte, puedes quererte, puedes tener esperanza, puedes mejorar, puedes creer en ti.
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cuarto escalón
miércoles, 10 de febrero de 2010
Conoce tus procesos mentales I
En cuanto detecto esa sombra de tristeza que puede llegar, pongo en marcha el analizador de situaciones, para que a la próxima sea yo quien la conozca a ella mucho mejor que ella a mí.
Recuerdo que una doctora a la que hablaba sobre dolores de cabeza me recomendó tomarme la medicación oportuna en cuanto barruntara que me iba a doler, es decir todo lo antes posible.
Del mismo modo, los remedios contra la tristeza debe uno ponerlos antes de que llegue la gran tormenta, como los remedios contra la lluvia o cualquier tipo de tempestad. Si te lo barruntas, cierra las puertas y ventanas, ponte la manta, hazte una infusión y a ver una buena peli, viendo la tormenta fuera y con la ropa recogida en casa.
Supongo que las medidas exactas en nuestro caso serían dormir lo posible, estresarnos lo menos posible, concentrarnos todo lo posible en cada cosa que estamos haciendo, anotar en un papel el motivo que ha originado esto para analizarlo después, cuando ya haya pasado lo gordo, hacer cosas agradables para nosotros, estar cerca de aquellos que queremos en tranquilidad, tomar esas flores de Bach, medicamento de herbolario, parafarmacia, o lo que quiera que sepamos nos reconforta en estas situaciones, aunque sea por un tiempo, (si se trata de alguna medida que ha de incorporarse y retirarse paulatinamente, siempre con cuidado y bajo supervisión médica).
Lo de anotar el problema en un papel, el origen, no es algo sin importancia. Cuando acorralas algo lo haces tangible, es mucho más manejable. De entrada, ya sabes a qué te has de enfrentar.
No olvidemos que nosotros tenemos dos problemas: el real y el imaginario. Es decir, las cosas que nos ocurren y lo que nos provocan las cosas que nos ocurren. Es más, las cosas que nos ocurren y el miedo que da lo que pueda ocurrirnos a partir de las cosas que nos ocurren. Sé que me entendéis, por rebuscado que suene.
De ahí la importancia de acorralar y separar lo que realmente nos ocurre. Con ello provocamos un cortocircuito con la otra parte: lo que eso puede provocarnos, o el miedo que nos da lo que eso pueda provocarnos. Esa reacción no tan controlada que es nuestro verdadero problema, nuestro verdadero fantasma: el miedo a las conductas o respuestas desadaptativas, que no parecen tener relación con la situación que ocurre y que creemos no podemos controlar. Eso baja nuestra seguridad y en consecuencia nuestra autoestima.
Déjame que te cuente un secreto, bajaría la de cualquiera. No olvides que aquí los valientes somos nosotros. Y lo que estamos haciendo es buscar la salida, porque si hubo entrada ha de haber salida, ¿no crees?
Por tanto, escribe lo que quiera te ha originado encontrarte mal en un papel y guárdalo hasta que estés bien. Entonces podrás trabajar con ello. Seguramente, el hecho de saber que tu posible enfado, tristeza, etc. tiene un motivo claro, hará que no se dé la segunda parte, que no temas reacción alguna, que te veas como alguien normal al que le ha ocurrido algo normal.
Es mayor nuestro fantasma que nuestra enfermedad. Te lo aseguro.
Recuerdo que una doctora a la que hablaba sobre dolores de cabeza me recomendó tomarme la medicación oportuna en cuanto barruntara que me iba a doler, es decir todo lo antes posible.
Del mismo modo, los remedios contra la tristeza debe uno ponerlos antes de que llegue la gran tormenta, como los remedios contra la lluvia o cualquier tipo de tempestad. Si te lo barruntas, cierra las puertas y ventanas, ponte la manta, hazte una infusión y a ver una buena peli, viendo la tormenta fuera y con la ropa recogida en casa.
Supongo que las medidas exactas en nuestro caso serían dormir lo posible, estresarnos lo menos posible, concentrarnos todo lo posible en cada cosa que estamos haciendo, anotar en un papel el motivo que ha originado esto para analizarlo después, cuando ya haya pasado lo gordo, hacer cosas agradables para nosotros, estar cerca de aquellos que queremos en tranquilidad, tomar esas flores de Bach, medicamento de herbolario, parafarmacia, o lo que quiera que sepamos nos reconforta en estas situaciones, aunque sea por un tiempo, (si se trata de alguna medida que ha de incorporarse y retirarse paulatinamente, siempre con cuidado y bajo supervisión médica).
Lo de anotar el problema en un papel, el origen, no es algo sin importancia. Cuando acorralas algo lo haces tangible, es mucho más manejable. De entrada, ya sabes a qué te has de enfrentar.
No olvidemos que nosotros tenemos dos problemas: el real y el imaginario. Es decir, las cosas que nos ocurren y lo que nos provocan las cosas que nos ocurren. Es más, las cosas que nos ocurren y el miedo que da lo que pueda ocurrirnos a partir de las cosas que nos ocurren. Sé que me entendéis, por rebuscado que suene.
De ahí la importancia de acorralar y separar lo que realmente nos ocurre. Con ello provocamos un cortocircuito con la otra parte: lo que eso puede provocarnos, o el miedo que nos da lo que eso pueda provocarnos. Esa reacción no tan controlada que es nuestro verdadero problema, nuestro verdadero fantasma: el miedo a las conductas o respuestas desadaptativas, que no parecen tener relación con la situación que ocurre y que creemos no podemos controlar. Eso baja nuestra seguridad y en consecuencia nuestra autoestima.
Déjame que te cuente un secreto, bajaría la de cualquiera. No olvides que aquí los valientes somos nosotros. Y lo que estamos haciendo es buscar la salida, porque si hubo entrada ha de haber salida, ¿no crees?
Por tanto, escribe lo que quiera te ha originado encontrarte mal en un papel y guárdalo hasta que estés bien. Entonces podrás trabajar con ello. Seguramente, el hecho de saber que tu posible enfado, tristeza, etc. tiene un motivo claro, hará que no se dé la segunda parte, que no temas reacción alguna, que te veas como alguien normal al que le ha ocurrido algo normal.
Es mayor nuestro fantasma que nuestra enfermedad. Te lo aseguro.
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