miércoles, 3 de marzo de 2010

Conoce tus procesos mentales II

Saber cómo funcionamos es poder manejarlo, conducirnos, cambiarnos. Ir a ciegas no nos sirve de nada. Aunque esto canse, porque hay que trabajar mucho, todos los pasos son hacia delante, incluso los que no parecen. Un día te conoces, te ayudas, te apoyas, saltas límites, tomas decisiones, te levantas sin miedo. Has aprendido a caminar tú sol@, sin rodines, sin muletas; por ti mismo.

Cómo comienzan las caídas? Por qué no me es agradable y me es costoso relacionarme con la gente? Por qué tengo ansiedad? Por qué no duermo bien?

Si estaba bien hoy, qué ha pasado para estar mal mañana? Qué hace que yo no consiga darme cuenta de que mis motivos para recaer son motivos normales, por los que se enfadaría o entristecería cualquiera? Por qué en mí se convierten en una recaida?

De entrada, hablamos de quienes ya están mejor, en esta fase no nos encontramos destrozados, sino que controlamos nuestro ánimo buena parte del tiempo. Si nos caemos sabemos levantarnos. Sólo que a veces hay tropezón más o menos grande, y sienta fatal. Por qué?

Todo comienza por una idea de inseguridad, por ejemplo: no tengo amigos, o no consigo pareja, o no soy guapo, lo que quiera que no nos agrade de nuestra vida (algo que por cierto es cambiable, pero esa es otra historia). Algo nos recuerda ese hecho que no nos gusta, un amigo no nos ha llamado cuando esperábamos, ha quedado con otra persona y no nos lo ha dicho, una posible pareja ya no escribe tanto, el trabajo que esperaba no me ha salido...
Nosotros, por una costumbre increiblemente trabajada (a la que podemos darle la vuelta) inmediatamente lo relacionamos con aquello que va mal, que no nos gusta: -No me ha llamado porque no le interesa ser amigo mío, no sé cómo tener amigos ya, no sé cómo tener trabajo ya...

De ahí, pasamos a sentirnos deprimidos, es decir, entre frustrados, cansados y desesperanzados. Podemos incluso ponernos tristes y echarnos a llorar, según el grado de desilusión que tengamos, según las fuerzas que nos queden apoyándonos en otros campos.

De ahí, poco a poco, o mucho a mucho, empezamos a darle vueltas a la idea que no nos gusta, a recordar lo ocurrido, a intentar encontrarle una explicación, que no tiene, porque posiblemente todo el proceso que estamos haciendo no tenga un motivo real, o pueda ser cambiado por nosotros. Pero eso no lo vemos. Vemos que no entendemos nada, que no sabemos por qué ha ocurrido eso que nos está haciendo daño, que nos demuestra lo mal que nos va esa faceta que nos duele. Y pensamos incesantemente en ello, para buscar una respuesta, para encontrar una solución. Para nosotros es crucial, es un tema fundamental en nuestra vida en estos momentos. Nada es más importante.

De momento, ya estamos tristes, convencidos de que no valemos y con rumias mentales. Esto nos provoca ansiedad. La ansiedad viene de la necesidad de resolver algo fundamental. Al tener, además, que trabajar, que hablar con la gente, etc. nos cuesta mucho trabajo, estamos haciendo, continuamente, dos cosas a la vez. Eso es agotador. Incluso dormimos mal, porque tenemos que trabajar en nuestro gran problema por resolver. Un problema que siempre nos devuelve la respuesta: no vales, algo va mal y tiene que ver contigo. No te gustas así.

Lo malo de todo este proceso es eso, que el mero hecho de tenerlo hace que no nos guste tenerlo. somos conscientes de lo que nos ocurre y no queremos ser personas con pensamientos recurrentes y negativos, que no se encuentran bien. Eso nos entristece más, nos da una baja imagen de nosotros mismos, cae nuestra autoestima. Esto ya no tiene solución, es una pescadilla que se muerde la cola.

En esta situación, lo último que nos apetece es relacionarnos con los demás. Por qué? Es evidente, en realidad eso supondría poner buena cara, disimular nuestra situación presente, simplemente porque es lo que corresponde, lo que deberíamos hacer, deberíamos estar bien y vamos a mostrarnos bien. El esfuerzo de intentar esto es terrible. No estamos bien, no queremos estar bien, queremos trabajar en nuestro problema. No queremos sonreir a la gente, pero nos vemos obligados por nosotros mismos a hacerlo. Es lo que debemos hacer, nos decimos.
De acuerdo que ir por ahí llorando a la gente tampoco es positivo. Pero, al menos, consentirnos saber que no nos va a apetecer estar con nadie por el proceso interior que en estos momentos pasamos. Fustigarnos además porque no podemos estar sonrientes y graciosos, es pedirnos demasiado.

Ves todos los pasos que tiene el "hundimiento del Titanic"?
Pues, ahora que los conoces, puedes hacer algo en cada uno de ellos. Puedes escribir, como ya hemos comentado, la causa inicial, sobre todo para no olvidarla, y no creer que eres tú la causa de todo. Puedes para ahí y trabajar esa causa, hablar con quien corresponda, tomar la decisión pertinente, etc. Puedes consentirte cierto duelo porque ese motivo es de peso para ti.
Puedes, al notar los pensamientos reiterativos centrarte voluntariamente en otras cosas, sabiendo que tu mente va a intentar secuestrar a todo tu ser (sobre todo por costumbre), pero que no le vas a dejar. Puedes saber por qué estás ansioso, sólo saberlo te calmará. Puedes saber por qué no te apetece estar con gente o sonreirles porque sí. Puedes comentar la causa real con un amigo. Puedes sentirte alguien normal, que, simplemente, tiene la costumbre de ejercitar este círculo desde hace mucho y puedes romperlo, porque es inconsciente, porque no te hace bien, porque es exagerado, lo provoca el miedo. Tu problema real es más pequeño que toda esta consecuencia.

Puedes entenderte, puedes tolerarte, puedes conocerte, puedes cambiarte, puedes quererte, puedes tener esperanza, puedes mejorar, puedes creer en ti.

miércoles, 10 de febrero de 2010

Conoce tus procesos mentales I

En cuanto detecto esa sombra de tristeza que puede llegar, pongo en marcha el analizador de situaciones, para que a la próxima sea yo quien la conozca a ella mucho mejor que ella a mí.
Recuerdo que una doctora a la que hablaba sobre dolores de cabeza me recomendó tomarme la medicación oportuna en cuanto barruntara que me iba a doler, es decir todo lo antes posible.
Del mismo modo, los remedios contra la tristeza debe uno ponerlos antes de que llegue la gran tormenta, como los remedios contra la lluvia o cualquier tipo de tempestad. Si te lo barruntas, cierra las puertas y ventanas, ponte la manta, hazte una infusión y a ver una buena peli, viendo la tormenta fuera y con la ropa recogida en casa.

Supongo que las medidas exactas en nuestro caso serían dormir lo posible, estresarnos lo menos posible, concentrarnos todo lo posible en cada cosa que estamos haciendo, anotar en un papel el motivo que ha originado esto para analizarlo después, cuando ya haya pasado lo gordo, hacer cosas agradables para nosotros, estar cerca de aquellos que queremos en tranquilidad, tomar esas flores de Bach, medicamento de herbolario, parafarmacia, o lo que quiera que sepamos nos reconforta en estas situaciones, aunque sea por un tiempo, (si se trata de alguna medida que ha de incorporarse y retirarse paulatinamente, siempre con cuidado y bajo supervisión médica).

Lo de anotar el problema en un papel, el origen, no es algo sin importancia. Cuando acorralas algo lo haces tangible, es mucho más manejable. De entrada, ya sabes a qué te has de enfrentar.
No olvidemos que nosotros tenemos dos problemas: el real y el imaginario. Es decir, las cosas que nos ocurren y lo que nos provocan las cosas que nos ocurren. Es más, las cosas que nos ocurren y el miedo que da lo que pueda ocurrirnos a partir de las cosas que nos ocurren. Sé que me entendéis, por rebuscado que suene.
De ahí la importancia de acorralar y separar lo que realmente nos ocurre. Con ello provocamos un cortocircuito con la otra parte: lo que eso puede provocarnos, o el miedo que nos da lo que eso pueda provocarnos. Esa reacción no tan controlada que es nuestro verdadero problema, nuestro verdadero fantasma: el miedo a las conductas o respuestas desadaptativas, que no parecen tener relación con la situación que ocurre y que creemos no podemos controlar. Eso baja nuestra seguridad y en consecuencia nuestra autoestima.
Déjame que te cuente un secreto, bajaría la de cualquiera. No olvides que aquí los valientes somos nosotros. Y lo que estamos haciendo es buscar la salida, porque si hubo entrada ha de haber salida, ¿no crees?

Por tanto, escribe lo que quiera te ha originado encontrarte mal en un papel y guárdalo hasta que estés bien. Entonces podrás trabajar con ello. Seguramente, el hecho de saber que tu posible enfado, tristeza, etc. tiene un motivo claro, hará que no se dé la segunda parte, que no temas reacción alguna, que te veas como alguien normal al que le ha ocurrido algo normal.

Es mayor nuestro fantasma que nuestra enfermedad. Te lo aseguro.

viernes, 22 de enero de 2010

A vista de pájaro


Cuando uno se siente bajito, a medias, perdidillo, confuso, no hay nada mejor que coger altura. Si estás en una encrucijada de caminos, o te has salido de tu ruta y no sabes por dónde seguir, ¿a que te ayudaría poder mirar el terreno desde lo alto? desde un helicóptero, desde una nube... podrías distinguir exactamente dónde estás, a dónde quieres ir, y por dónde se llega.

Pues con las emociones pasa lo mismo. Cómo coger altura en este terreno concreto es una cuestión de confianza. Algo que nos falta a los que estamos a medio gas. Pero se puede trabajar, como todo. Uno tiene confianza en lo que cree cierto y bueno. Lo importante aquí, y en temas similares, no es buscar la confianza fuera, que otro nos crea buenos o malos, que otro nos diga lo que está bien. Lo importante aquí es saber qué creemos nosotros bueno o malo, en qué valores creemos nosotros, en qué mundo creemos nosotros, en qué arquetipo de persona. Ese será nuestro avión, nuestra nube, nuestra verdad.

Con ella recorreremos el mundo y subiremos hasta donde haga falta. A partir de ahí, coger altura es sólo una cuestión de objetivizar; de analizar las situaciones como si no nos hubiesen ocurrido a nosotros, sino a alguien externo. Pensar cómo veríamos entonces cada reacción de cada persona, intentar encontrar los motivos que han movido a cada parte. Comprender los motivos ajenos, aunque no llegue a justificar su conducta, probablemente, es el mejor modo de salir de los atolladeros internos, emocionales, relacionales.

Comprender nuestros propios motivos, nuestras propias reacciones nos ayudará a tolerárnoslos, a no castigarnos y, si nos ponemos positivos, a que resulten una pista de por dónde salir.

Coge altura comprendiendo que el mundo no es como lo pintan en los cuentos, y eso no significa que sea malo, sólo que es muy humano.
Coge altura viendo que la gente tiene sus necesidades y que, más o menos, todos nos parecemos mucho.
Coge altura, aunque te cueste un poco, aunque parezca difícil, ahí, somos nosotros los que tenemos que forzarnos un pelín, sabiendo que ese es el camino correcto, levantar la cabeza, comprender, y seguir caminando.
Coge altura y poco a poco respirarás un aire más limpio, más tuyo, más seguro, porque sólo se basa en tus propios valores y la comprensión que tú haces del mundo.

Al principio es difícil volar...con el tiempo es todo un gusto...al final, descubres que esa era tu naturaleza.

lunes, 11 de enero de 2010

el quinto escalón

Ahora que hemos llegado a la respuesta del millón: no estás loco, sigamos subiendo escalones.

Hacer una recomposición ya es más costoso, pero no perdamos el norte. Qué pasos hemos seguido?

No soy culpable de lo que me ocurre, no lo busco, no lo deseo. Lo tomo como una enfermedad más, conozco lo que me/le va mejor y peor, me cuido. De momento no me importa tanto el motivo concreto, aunque lo trabajo. Decido mejorar.

Voy conociendo la depresión: el pensamiento repetitivo, cómo pararlo, la conexión conmigo mismo, la engañosa mente, el pensamiento positivo, explico a los míos cómo es esto en realidad, y decido no ir más en pijama por la calle. Trabajo mi personalidad y me aplaudo cada pequeño éxito. Escribo mis objetivos respecto a la depresión.

Conozco lo que me hace bien, cuido mi cuerpo, mi alimentación, hago ejercicio, busco momentos placenteros. Tengo los objetivos siempre presentes y soy consciente de mis mejoras en cada aspecto que van más allá de lo que creo, ya que la vida es cíclica pero ascendente. No dejo que me juzguen sin licencia y dejo de tenerme lástima. Empiezo a tocar más profundamente aquello que hay más abajo y puede ser causa, hasta ahora inconsciente, de lo que me ocurre.

Ubico la fase de la depresión en la que me encuentro. Aprendo a caer, me hago amigo de la melancolía, aprendo a tomarme bien los "días especiales", considero hasta dónde psicólogos y psiquiatras, sé que no estoy loco....y por último, conozco los procesos mentales que hay detrás de todo esto. Gracias a ello puedo detectarlos y pararlos.

Ya hemos más que aprobado este examen, si realmente sabemos todo esto...vamos a subir el quinto escalón. Ahora todo es positivo, son los últimos toques y podemos seguir adelante solitos.
Hayamos llegado o no al escalón deseado, el objetivo es no perder de vista lo que deseamos: estar bien.

Dentro de nosotros hay una respuesta. Las mías son sólo pistas que te pueden servir, pero el mejor reto es investigar en tu interior lo que te va mejor, lo que te sirve.

Esto toca a su fin, los consejos que vienen ahora son para mejorar los últimos pasos, pero un día te servirán como te han servido los primeros.